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Descubre los mejores postres con chocolate blanco

Tiempo de lectura: 6 minutos

El chocolate blanco es uno de esos ingredientes que no dejan a nadie indiferente: o te encanta su dulzura o te parece excesivo. No suele haber término medio. Pero la realidad es que, cuando nos ponemos el delantal para preparar postres con chocolate blanco, entramos en un terreno técnico muy interesante. 

Tiene una capacidad única para aportar una textura sedosa y, sobre todo, actúa como un conductor de aromas fantástico. Entender cómo funciona es básico si queremos que el resultado final sea bueno y no un desastre azucarado.

La gran duda: qué diferencia al chocolate blanco de los demás

Para que nos salgan bien los postres con chocolate blanco, primero hay que tener claro qué estamos manejando. La diferencia fundamental, tanto técnica como de sabor, respecto al chocolate negro o con leche está en la composición. Básicamente, la clave es la ausencia de los sólidos del cacao.

Mientras que el chocolate negro o el chocolate con leche lleva pasta de cacao, que es lo que le da ese color marrón y el amargor, el blanco se hace exclusivamente con manteca de cacao, azúcar y sólidos de leche. Esto no significa que sea un producto artificial ni mucho menos; de hecho, para que legalmente se pueda llamar chocolate, tiene que tener un porcentaje mínimo de manteca de cacao. 

Composición y comportamiento en el horno

Esta fórmula distinta cambia por completo la receta cuando lo metemos al calor o lo mezclamos.

  • Punto de fusión más bajo: al ser casi todo grasa y azúcar, el chocolate blanco se funde y se quema, muchísimo más rápido que el negro. Hay que tratarlo con suavidad, idealmente sin pasar de los 40 o 45 grados, porque si te pasas de calor la estructura se rompe y ya no hay vuelta atrás.
  • Sensibilidad al agua: por la cantidad de azúcar y leche en polvo que lleva, absorbe mucho la humedad. Una sola gota de agua que caiga en el bol mientras lo fundes y la textura se estropea; se vuelve grumosa y pastosa. Es lo que llamamos que el chocolate se “corte” o se agarrote.
  • Aporte de dulzor extra: como no tiene el amargor del cacao puro para compensar, el chocolate blanco es muy dulce. Esto hay que tenerlo en cuenta al diseñar postres con chocolate blanco: muchas veces tocará bajar la cantidad de azúcar del resto de la receta para que el conjunto no empalague.

Por qué usar chocolate blanco en tus creaciones

Aparte del sabor a leche y vainilla, este ingrediente hace cosas por la estructura del postre que otros chocolates no consiguen. Si dudas sobre si usarlo o no, piensa en lo que te aporta realmente:

  • Textura sedosa: la manteca de cacao es la responsable de esa sensación de que se funde en la boca. En una mousse o una crema, el chocolate blanco da una densidad y una suavidad que es difícil lograr solo con nata o gelatina.
  • Lienzo para otros sabores: al tener un perfil más neutro que el chocolate negro, es una base perfecta para que brillen otros ingredientes. Es el mejor amigo del té matcha, los frutos rojos ácidos, el maracuyá o incluso especias como el cardamomo, ya que no se “come” sus matices, sino que los levanta.
  • Estética y brillo: en glaseados y coberturas, el acabado es mucho más elegante. Y un detalle práctico: es la única base de chocolate real que puedes teñir con colorantes liposolubles si buscas un acabado visual concreto.

Recetas de postres con chocolate blanco sin horno

Aquí es donde el chocolate blanco juega con ventaja respecto a otros. Gracias a su alto contenido en manteca de cacao, tiene una capacidad fantástica para cuajar en frío. Esto nos permite conseguir texturas firmes pero cremosas sin tener que pelear con tiempos de cocción ni baños maría en el horno. 

Mousse de chocolate blanco: ligera y con tres ingredientes

Esta receta suele dejar a la gente con la boca abierta por lo fácil que es para el resultado que da. La clave de una buena mousse de chocolate blanco no es atiborrarla de gelatina, que al final deja una textura gomosa un poco desagradable, sino jugar con el aire de la nata y la propia cristalización del chocolate al enfriarse.

Solo hace falta un chocolate blanco de buena calidad, nata para montar con un mínimo del 35% de materia grasa y, si quieres que quede ultra aireada, alguna clara de huevo (mejor pasteurizada, para evitar riesgos innecesarios). El secreto técnico está en la temperatura de la mezcla:

  • Funde el chocolate y, muy importante, deja que temple. Tiene que perder el calor fuerte pero seguir fluido. Si lo mezclas hirviendo con la nata montada, la grasa de la nata se vendrá abajo y te quedará una sopa dulce en vez de una mousse.
  • Incorpora la nata semimontada con movimientos envolventes. No la montes dura como una piedra; buscamos picos suaves para que se integre bien sin perder aire.
  • Al principio parecerá algo líquido y te entrarán dudas, es normal. Pero tras unas 4 horas en la nevera, la manteca de cacao endurece y atrapa las burbujas, creando esa textura de nube que buscamos en los postres con chocolate blanco.

Tarta de queso y chocolate blanco en frío

Si la cheesecake tradicional te gusta, la versión fría de tarta de queso con chocolate blanco te va a encantar, porque se equilibran de maravilla. El queso crema aporta ese punto ácido y ligeramente salado que corta de raíz el exceso de dulzor del chocolate, logrando un bocado que no empalaga tanto.

  • Para la base, no te compliques: lo clásico nunca falla, galletas trituradas con mantequilla fundida. Para el relleno no necesitamos un horno. Utilizaremos el chocolate blanco fundido como un “cemento” delicioso. Al mezclar el chocolate tibio con el queso crema, creamos una estructura untuosa.
  • Asegúrate de que el queso crema esté a temperatura ambiente. Si está frío de nevera, al echarle el chocolate fundido, este se solidificará al contacto formando virutas duras y te quedará una crema con grumos. Al enfriar, el chocolate compacta la tarta, así que no hace falta abusar de las hojas de gelatina. 
  • Sírvela con frutos rojos frescos por encima, que le dan frescura y rompen la estética monocolor.

Trufas de coco y chocolate blanco

Estos pequeños bocados recuerdan inevitablemente a esos famosos bombones de coco y almendra que se regalan tanto en Navidad. Estas trufas de coco y chocolate blanco son facilísimas de hacer, y una actividad genial para hacer si hay niños en casa, aunque requieren controlar los tiempos de reposo para no acabar con la cocina perdida.

  • La base es una ganache densa: chocolate blanco y nata caliente, a la que añadimos coco rallado deshidratado. El truco para que queden redondas y no se te peguen a las manos es dejar que la masa repose en la nevera hasta que esté dura, mínimo un par de horas. 
  • Luego, formas las bolitas rápidamente, el calor de las manos funde el chocolate enseguida, así que hay que ser veloz, y las rebozas en más coco o incluso en almendra picada. 
  • Si quieres un toque un poco más gourmet, prueba a tostar ligeramente el coco del rebozado en una sartén sin aceite; el aroma cambia por completo y le da un punto crujiente muy interesante.

Panna cotta de chocolate blanco y vainilla

La panna cotta es un clásico italiano. Al incorporar el chocolate blanco, se convierte en una panna cotta de chocolate blanco, con un toque de vainilla es algo que cambia radicalmente: se vuelve más densa, más sedosa y menos gelatinosa.

  • Apenas necesitaremos azúcar añadido, ya que el chocolate aporta todo el dulzor que hace falta. Se calienta la nata con una vaina de vainilla abierta o extracto, si es de buena calidad, se disuelve el chocolate y se añade la gelatina justa. 
  • Al ser un postre lácteo y dulce, pide un acompañamiento ácido para limpiar el paladar, como un coulis de maracuyá o una compota de fresas casera con poco azúcar.

Chocolates Torras Tienda

Vamos a darle el toque final: disfruta cocinando

Llegados a este punto, hemos visto que preparar postres con chocolate blanco no es solo para los que han estudiado alta pastelería. Cualquiera con un poco de paciencia, siguiendo los trucos que hemos comentado antes y los productos de calidad puede marcarse un postre digno.

En Chocolates Torras lo tenemos clarísimo: la repostería tiene que ser un disfrute, no un sufrimiento. 

Desde que abres el envoltorio de la tableta hasta que rebañas el plato. Y eso incluye tener opciones para todos, ya seas de los clásicos o prefieras nuestras gamas de chocolate sin azúcar y chocolate sin gluten para darte el capricho cuidándote un poco más.

Tres reglas de oro para que no se te olvide nada

Tened siempre presente que la técnica es importante, pero sin una buena materia prima es muy difícil conseguir ese acabado profesional en vuestros postres con chocolate blanco, algo que en Chocolates Torras garantizamos.

Lo vital es recordar que este ingrediente hay que tratarlo con mucha suavidad, sin pasar nunca de los 45 grados para que no se queme y evitando a toda costa la humedad, que es su peor enemiga. Lo más importante ahora es perder el miedo, disfrutar del proceso y compartir el resultado con nosotros, que nos encanta ver cómo dais vida a nuestras tabletas.

El placer de compartir el resultado

Con las herramientas y el conocimiento técnico, sólo queda la mejor parte: ponerlo en práctica. 

En Chocolates Torras creemos que el chocolate es un vehículo para compartir momentos, y nos encantaría ver cómo aplicáis estos conceptos en vuestras cocinas. 

Os invitamos a descubrir nuestra gama completa en la web y, por supuesto, a que nos hagáis partícipes de vuestras creaciones a través de las redes. La cocina, al fin y al cabo, está para vivirla. 

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